Hacía exactamente tres años, dos meses y una semana que
no la encontraba por ninguna parte. La había buscado en aquella cueva, donde reveló
sus secretos más íntimos por primera vez. La buscó bajo el agua del mar de cada
verano. Buscó en la ermita en la que se refugiaba cuando el amor decidía
ponerse en su contra. Buscó entre las letras de sus libros aparentemente
ordenadas con sentido. La buscó en objetos perdidos y entre sus recuerdos. Pero
no la encontraba por ninguna parte. Entonces, ya abatida y desesperada, cerró
los ojos y lo entendió. La había tenido dentro todo el tiempo; y era el único
lugar donde no se le había ocurrido buscar.
Patidecontes
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